Hostel For You: Donde la historia se convierte en tu próximo viaje
Basado
en el relato de José A. Salazar Murillo
Sevilla es
una ciudad hecha de capas, donde el presente camina sobre los ecos de siglos
pasados. Para llegar a nuestro hostel, debes adentrarte en la calle de Bailén,
un camino sinuoso y estrecho cuyo trazado es el más quebrado y lleno de
personalidad del centro de la ciudad. Allí, concretamente en el número 15, donde
una placa de plástico informa hoy sobre nuestro negocio turístico, hace años
otra placa anunciaba la vida y obra de la familia Murillo.
Hoy, estas
paredes son el hogar de innumerables viajeros de todo el mundo; pero en el
pasado, fueron el convento, el consultorio médico y el epicentro de una familia
que, durante décadas, hizo de este edificio un universo.
Capítulo 1: Una casa con memoria
Nuestro
edificio no se diseñó de una vez; sino que fue creciendo poco a poco a lo largo
del tiempo. Sus desniveles, esas escaleras de mármol que hoy hemos suavizado
para facilitar el paso de vuestras maletas, son los restos de su pasado
conventual. Lo que hoy son habitaciones modernas, áreas de trabajo compartido y
un patio lleno de optimismo, fue durante décadas el epicentro de la familia
Murillo. Aquella casa grande, que antes de ser hogar fue convento, albergó no
solo consultas médicas y risas de decenas de primos que correteaban por sus
pasillos, sino también una liturgia de ritos cotidianos.
Quienes
habitaron estas paredes dejaron un rastro invisible pero indeleble. El “putódormo”
(la habitación donde los jóvenes tonteaban y soñaban), la lujosa pianola que traía
aires de zarzuela al salón penumbroso, y los miles de escalones que marcaban
los distintos niveles del antiguo convento, no han desaparecido, simplemente han
cambiado de forma para adaptarse a los nuevos tiempos.
Capítulo 2: El patio, el ecosistema de la vida cotidiana
El patio
central de Bailén 15 no siempre fue una recepción funcional. En su apogeo,
funcionaba como el corazón de la casa. Las pilastras y helechos formaban un ecosistema
que, durante las frecuentes lluvias sevillanas, transformaba el patio en un
auditorio natural, donde el impacto de las gotas sobre las hojas anchas creaba
una acústica improvisada.
En este
patio también se ocultaban estancias de vital importancia social, como el
rincón hoy ocupado por el despacho de gerencia, que en su época fue el centro
de reunión de la juventud de la familia. Los constantes cambios de nivel, los
escalones históricos y la cancela de forja eran los filtros que separaban el
bullicio de la calle Bailén de la intimidad doméstica. Hoy, aunque el
mobiliario y la cartelería han adoptado un entorno juvenil y funcional, el
patio mantiene su esencia como lugar de tránsito y encuentro, conservando la
estructura que durante décadas organizó la vida de sus habitantes.
Capítulo 3: El santuario de la pianola y el primer piso
La primera
planta del edificio alberga una tipología de salón hoy en desuso. Era un
espacio de penumbra permanente, casi litúrgica, cuyo eje principal era una pianola,
un piano mecánico que permitía una experiencia auditiva sofisticada, y una
vitrina que custodiaba los recuerdos de expediciones familiares al Vaticano o
Lourdes. Este salón, decorado con muebles de espejo y pesados cortinajes,
funcionaba como un santuario frente a la realidad exterior de la Sevilla de la
época.
La
redistribución actual del espacio ha fragmentado este gran salón en compartimentos
privados para huéspedes, optimizando la capacidad del inmueble. Sin embargo, la
estructura del techo y el flujo de los corredores todavía retienen la
disposición original, permitiendo que la majestuosidad de la escalera de mármol
continúe siendo el tránsito obligado que conecta la planta baja con la memoria
de esas veladas musicales.
Capítulo 4: La vida cotidiana y la mecánica del hogar
El
funcionamiento interno de la antigua casa era una mezcla de ingenio y tradición.
Resultan reseñables los sistemas ideados para la gestión del hogar, como el
complejo mecanismo de cables y muelles que permitía abrir la cancela desde la
primera planta, una tarea encomendada habitualmente a los nietos de la familia.
La vida en el interior transcurría entre la figura de los abuelos, sus
aficiones como el coleccionismo de sellos y los juegos de baraja, y un servicio
doméstico que gestionaba desde el suministro de dulces locales hasta el cuidado
de la casa. También, don Murillo, recuerda con alegría el privilegio de abrir
la cancela de hierro desde la primera planta mediante un ingenioso sistema de
cables y muelles. Aquel era su pequeño poder.
Aquella
intimidad familiar, marcada por la religión y la administración de los bienes,
constituye hoy un testimonio de las costumbres domésticas de la Sevilla de
mediados del siglo XX. Un viaje a la intimidad de los abuelos.
Capítulo 5: El relevo
Hoy, el
sonido metálico de la antigua cancela ha sido reemplazado por la bienvenida de
nuestra recepción, y donde antes se sentaba el Dr. Murillo a jugar a sus
solitarios, ahora instalamos espacios de trabajo colectivo y áreas de lectura
para vosotros. Somos plenamente conscientes de que nuestro hostel ha
transformado esos espacios, convirtiendo las grandes estancias señoriales en
dormitorios prácticos y modernos para los viajeros que recorren nuestra ciudad.
Cada
huésped que se registra hoy en nuestro mostrador no es un extraño, sino un
usuario más de un ciclo que comenzó hace más de un siglo. Al dormir aquí, estáis
durmiendo en las salas que una vez fueron santuarios de música, paritorios de
familia o despachos de eminentes médicos. La próxima vez que subáis por nuestra
escalera de mármol u os relajéis en nuestro patio, recordad que estáis compartiendo
espacio con los recuerdos de una familia que amó, sufrió y vivió intensamente
cada esquina de esta casa. La casa está lista para vuestra historia.